La Catrina y su Autor José Guadalupe Posada

José Guadalupe Posada uno de los más icónicos grabadores de la época de la Revolución Mexicana. En el mundo es mucho más conocida la imagen de la calavera elegante que creo que su propio nombre; ésta también fue inmortalizada en un mural de Diego Rivera. El personaje de la elegante calavera porfiriana ( La Garbancera ) que más tarde sería conocida como “La Catrina” fue adoptada por el pueblo Mexicano y se convirtió en un ícono de dominio popular.

Posada estudió dibujo en la Academia Municipal y trabajó de aprendiz en un taller litográfico en su estado natal, Aguascalientes. El principio de su carrera fue haciendo dibujos y copiando imágenes religiosas. Trabajo siempre en el área del dibujo, el grabado, la ilustración y la imprenta. En León Guanajuato y posteriormente se trasladaría a la Ciudad de México a solicitud de señor Irineo Paz, abuelo del laureado poeta Mexicano y Premio Nobel Octavio Paz.

Múltiples fueron los periódicos y revistas en las que colaboró Posada, adquiriendo experiencia. Su obra le valió la aceptación y admiración del pueblo Mexicano, por su gran sentido del humor (importantísimo en la cultura e idiosincrasia Mexicana), su trabajo contenía propensión a lo dramático y gran calidad plástica. Retrató las creencias y formas de vida cotidiana de los grupos populares. Criticó con fuerza los abusos del gobierno y la explotación del pueblo. Además ilustró las famosas “Calaveras”, que son versos alusivos a la muerte que junto con sus demás ilustraciones, se distribuían en periódicos y hojas sueltas. Pese a su variada y popular obra, Posada no fue tan reconocido en su tiempo como otros artistas contemporáneos. Fue hasta su muerte que comenzó su popularidad como un artista grabador Mexicano.

Su obra más famosa, La Catrina, es un grabado en metal publicado en 1873, la cual es representada con una calavera femenina ataviada con un sombrero de plumas al estilo de la moda europea, muy característico de la sociedad Porfiriana de principios del siglo veinte. El nombre original del grabado fue Calavera Garbancera. Se llamaba así porque de este modo designaban a las personas que vendían garbanza, y que, pese a tener sangre indígena, pretendían ser europeos, renegando de su raza y de su herencia cultural. Sobre este tipo de personas afirmaba Posada: “En los huesos, pero con sombrero francés con plumas de avestruz”. De allí que la ilustración tuviera, en su momento, la intención de constituir una crítica, a la vez que una sátira, de algunos personajes de la sociedad mexicana del momento, especialmente los enriquecidos durante la época de Porfirio Díaz, que gustaban de aparentar un estilo de vida que no les correspondía.

José Guadalupe Posada

Su autor, José Guadalupe Posada, que fue un cronista satírico de finales del siglo XIX y comienzos del XX, que, por aquella época, durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, cultivaba un género que se había popularizado conocido como “calavera literaria”. Las calaveras eran textos escritos en verso con tono burlón, solían publicarse en vísperas del Día de Muertos para hacer mofa tanto de los vivos como de los finados.

El reconocido muralista Diego Rivera tomaría más adelante la figura de la Calavera garbancera para convertirla en una catrina. Pero, ¿qué es una catrina? Una catrina, en el dialecto mexicano, es una persona elegante y de buen vestir, típica de la aristocracia del siglo XIX. Rivera, en su mural titulado Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, realizado en 1947, pone a la calavera junto a otros personajes relevantes de la historia mexicana como Hernán Cortés, Sor Juana Inés de la Cruz, Benito Juárez, Frida Kahlo y una versión infantil del propio pintor.

Con este gesto, Rivera reconoce la representatividad de la Catrina como símbolo de las contradicciones de la sociedad mexicana decimonónica, y realiza un homenaje a su creador, José Guadalupe Posada, y a su influencia en el arte mexicano posterior.

Hoy en día, la Catrina forma parte de la cultura popular de México y se ha convertido en el símbolo por excelencia de la celebración del Día de Muertos.

Eran publicadas en periódicos de combate, es decir, de línea crítica hacia el gobierno, y solían ser acompañadas de ilustraciones de cráneos o esqueletos en situaciones cotidianas: bebiendo, montando a caballo, caminando por la calle, bailando en una fiesta, etc.

El objetivo de las calaveras, en definitiva, era retratar la miseria y la hipocresía de la sociedad, poniendo en evidencia los conflictos de desigualdad e injusticia que existían en el país. Por eso es significativo que la ilustración de la Catrina , que representa en una imagen las contradicciones y problemáticas esenciales de la sociedad mexicana, apareciera acompañando una calavera.